Testimonio de Mercedes Martín - Casa Catalina Kentenich, Madrid

Fecha:12/02/2010

Nuestra querida Merce es una increíble mujer que hace las veces de madre y abuela de las chicas y los niños que viven en la Casa. Ella, junto con Nieves (psicologa) y María (trabajadora social) que vienen a la casa una vez por semana, hace que la la casa sea mucho más que un techo. Consigue que sea un hogar para las chicas.
Merce comparte aquí con nosotros su historia en la Casa.

Me llamo Mercedes Martín, llevo 35 años en el Movimiento dentro de la rama de Madres del Bierzo.

En el año 2005, me propusieron trabajar en la Casa Catalina Kentenich de la Fundación María Ayuda. Mi respuesta inicial fue no, porque suponía trasladarme desde Bembibre (León) que era donde yo vivía, donde tengo a toda mi familia y donde desarrollaba mi apostolado. Pero lo puse en oración y me di cuenta que ésta era la respuesta a una petición que yo había hecho a la Mater tiempo atrás, porque estaba atravesando problemas económicos. Hacía años que me había entregado a ella con mi alianza de amor y ahora no podía decir que no a una obra suya. Gracias a ella está abierta la Casa siguiendo la espiritualidad del Padre Kentenich.
Así que, acepté el trabajo y me trasladé a Madrid.

Mi cometido dentro de la Casa es convivir con las chicas las 24 horas del día. Es un trabajo muy duro, pero muy gratificante, yo aprendo mucho de ellas. Para mi, mi trabajo en la Casa es apostolado y así lo hago. No lo veo tanto como un trabajo sino como poder ayudar a alguien que lo necesita. Tú te entregas y Dios te va poniendo las situaciones y las personas para poder perseverar en esta labor.

Es muy importante para mí también contar con mi Santuario Hogar en la Casa, porque así sé que no estoy sola. Es una labor de arriba. Yo me pongo como instrumento en las manos de Jesús y de María, cuento con ellos, por eso no estoy sola. Trabajar en la Casa es plasmar mi vida de fe. Si yo no viviera mi experiencia de fe, yo no podría transmitírsela a las chicas.

Lo que más llama la atención de la vida en la Casa, lo que la hace diferente a otros centros de acogida, es que no solo se les da un sitio dónde vivir; sino lo más importante, es un hogar familiar en el que hacemos un camino de fe con ellas. Aquí les hablamos de Dios, oramos con ellas, las escuchamos, les enseñamos a que se respeten como mujeres, valores humanos, cómo cuidar de su bebé...

La vida en la Casa es un caminar como familia. Llevamos a la práctica los vínculos que nuestro padre fundador nos ha inculcado. De hecho, cuando salen, siguen vinculadas a la Casa, no perdemos el contacto con ellas. Algunas de ellas, incluso, han hecho la alianza de amor con María en el Santuario de Pozuelo.

Es una alegría comprobar que cuando salen son personas totalmente diferentes a las que entraron.